viernes, 4 de noviembre de 2011

Alguien me enseñó que.

Y sí, llegó el día en el que me di cuenta de que la vida está para reírte de ella, y no con ella; que si te caes, solo tienes que levantarte; que no te importe el pasado pero que siempre lo tengas en cuenta, que la vida es alegrarte los viernes y joderte los lunes, salir un sábado y estar sin pasta un domingo, gritarle a las personas que quieres y saber pedir perdón, tener las cosas claras y decidirte en el último momento, jugar con fuego y quemarte; hacer estupideces sin parar pero que no te importe lo que piensen los demás, ponerte guapa para el amor de tu vida y después pasar de él, abrazarte a quien te abrace y a quien no quiera no te abrazas y punto; porque sentir dolor es inevitable, pero sufrir esopcional.

Tal vez la persona que me lo enseñó tenga nombre y apellido. 

Reinas cotillas

Si de verdad quieres sufrir, lo único que tienes que hacer es confiar plenamente en alguien. Dale dos semanas... Has acertado si estas pensando que es una especie de indirecta. He comprobado que la única manera de no pasarlo mal es no esperar absolutamente nada de nadie...Pero tu me has hecho cambiarlo.
Es de la clase de personas que merecen la pena, de aquellas que las puedes contar con los dedos de una sola mano, de las pocas vamos.

Utopía

Sabes, aunque no me quieras, aunque me tengas aquí sentada a las cinco y media de la mañana llorando como una tarada, tengo mucho que agradecerte. Toda mi vida la he pasado enamorándome de hombres que nunca podrían formar parte de mí- y no porque ninguno de ellos no fuera el hombre adecuado, que tampoco es que lo fueran; simplemente, porque yo no era la mujer adecuada para ellos (aunque me ha llevado varios años darme cuenta de esto.) El niñato consentido que siempre presumía de ser el mejor en todo, el gilipollas de clase que nunca quiso admitir que las mujeres podían llegar a ser más listas, el tipo que aspiraba a entrar en la universidad y se distraía soltando comentarios despectivos sobre mi culo de doce añera, luego el inmaduro que me espiaba en la ducha, el idiota con el que pase mi primera noche, y el (a este no se ni que insulto ponerle, porque ninguno llega a describirle como se merece) que me enamoró, como nadie lo había hecho, consiguió obsesionarme, y volverme el ser más patético sobre la faz de la tierra. Y luego estás tú. Que aunque me esfuerce en buscarte cosas por las que clasificarte en mi lista debajo de estos mamones, no puedo. Es la primera vez que alguien al decirme que me arriesgue, que no pierdo nada, me hace darme cuenta de que tengo mucho que perder. Porque puedo vivir sin ver las caras de todos los nombres de esa lista, es más, viviría mejor, pero si no te veo a tí, si te pierdo, bueno, perdería una de las pocas cosas que me hacen sonreír en estos momentos. En eso te diferencias al resto. Que a ti si te quiero de verdad. Te quiero sin segundas intenciones, sin categorías y adornos. Es simple, te quiero, y no tiene nada que ver con que esté enamorada de ti. Asique, te lo agradezco. Te agradezco que seas la excepción a mi regla. Y te pido que no te vayas, aunque a veces logre asustarte y mis sentimientos te abrumen.
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Dame tus imperfecciones, con ellas me conformo.




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